
Rybeiro, cuentista peruano, alguna vez dijo que el cuento es un fragmento, un momento que se recorta.
A continuación encontrarás un cuento que escribimos, capturando un momento de cotidianidad.
DIA LLUVIOSO
La lluvia, que por siglos ha sido símbolo de la vida, esta vez golpeaba tan fuerte la ventana que desafiaba a los que, como Mario, tenían planeado salir hacia alguna parte un domingo cualquiera.
Poco quedaba ya del calor soporífero que lo envolvía cuando se quedaba en la cama en compañía del sol que, hasta hace un momento entraba por su ventana.
Con un gesto de desdén miró hacia la ventana y vio con cierta incredulidad como esta fiera a la que llaman lluvia perdía su fuerza hasta convertirse en gotas escurridizas que se resistían a resbalar por la ventana para perderse en el abismo.
Dejó de llover y Mario se vio enfrentado nuevamente a esos planes de domingo que según él, la lluvia había aguado. Mientras pensaba, un olor a pescado frito y el ruido de varios platos sobre la mesa se llevó su atención. Finalmente, la voz que ha estado siempre con él desde antes de que tuviera recuerdos tarareó una canción de valles nostálgicos y bravas tierras. Sin esperar más, se levantó con el alivio que siente la secretaria al ver el reloj marcar las 5 y cerrar con llave la oficina polvorosa.
Mientras almorzaba preguntó a su madre si harían lo planeado y ella le trajo de vuelta ese tibio alivio al liberarlo de sus compromisos; con esa forma de llover no iba a salir, el replicó que ya había parado de llover, mas por confirmar que porque realmente quisiera hacer de lo planeado algo real, a lo que su madre respondió con argumentos de frío y humedad. Después de esto Mario habló por un rato de los planes con el ánimo que le infundía ver que no se realizarían hoy; al ritmo de sus palabras y sin la sorpresa del principio, volvió a llover, fue una lluvia corta pero duró lo suficiente para que Mario escuchara en ella la canción que entona quien tan solo con una mirada vence.
Pronto volvió a asomarse el sol entre las nubes que respiraban después de tanta lluvia, tal vez preparándose para seguir, y esta vez sus rayos se posaron sobre Mario como se posa la derrota sobre el atleta que no salió a correr; triste y suavemente.
Mario entonces cierra la persiana, no quiere ya sol ni lluvia. Así transcurren minutos, tal vez horas, hasta que sin saber muy bien por qué, sube la persiana y ve que ahora hace sol y llueve al mismo tiempo.
Vencido o vencedor, sale a hacer uno de los planes, que considera y re-considera poco atractivos, que tiene para hoy, y por qué no, tal vez hacer esa llamada que días atrás creyó que no haría jamás, apaga el computador, se viste sin ganas y con rapidez, después de todo sale de su casa; lluvioso o soleado el día aún no termina y definitivamente, no está dentro de sus propósitos verlo agonizar desde el otro lado de la ventana.